miércoles, enero 31, 2007

CTHULHU, 1920, Capítulo VIII

Después de los misteriosos, expeluznantes e interesantísimos sucesos acaecidos a nuestros heroes en su anterior aventura (pensamos cobrar por ellos y todo...), nos los encontramos, nueve meses más tarde, embarcados nuevamente en un crucero, camino al Caribe, por obra y gracia de nuestra simpar Sophie Hapwood. Bueno, por obra y pasta gansa de su actual pareja, aunque éste, con sus ochentaytantos añitos, haya tenido que quedarse en casa. Allí tenemos al excelente pianista Gerry Bone, deleitando a la concurrencia de la fiesta de a bordo con su arte y su sonrisa. A Sophie haciendo lo que mejor sabe, aunque en esta ocasión tiene una dura competidora, que tiene la desfachatez de ser más joven que ella. Pero lo tiene todo controlado. La escritora lo lleva en la sangre y, con un par de afilados e ingeniosos comentarios, deja a la jovencita con un borracho de alcohol barato mientras ella pone sus miras en ese tipo de allá que se está soplando en soledad una botella del vino más caro del barco. Un poco más lejos, tenemos a O'Hara, al que han dado un "retiro" de la policia debido a sus... bueno, estooo...pensamientos y actuaciones atípicas (que no está loco como Modesty, no...). El inspector irlandés se está bebiendo hasta el agua de las flores, pero claro, acostumbrado a su te polaco, conserva la consciencia...aún. Finalmente, para encontrar a nuestro otro irlandés, hay que bajar veinticinco cubiertas, dos capas de oxido, una de basura y sortear los motores. Allí, en la chapa de hierro a la que algún gracioso llamó cama, McNuggle decide que ya está bien y que va a subir a que le de el aire...

En la cubierta superior, el marino detecta que las cosas no van bien...el mar está en calma, la luna llena lo ilumina todo con reflejos plateados, las estrellas brillan en el cielo... no, esto da muy mal rollo... En la fiesta, Sophie sigue de palique con el muchimillonario, que resulta ser un ex-marido ex-boxeador de una ex-muchimillonaria, como descubre la escritora gracias a sus ex-traordinarias dotes detectivescas... y a la nariz rota, la ceja partida y el anillo de casado. Por su parte, O'Hara ha encontrado a un autoproclamado detective consultor, pariente listo de Sherlock Holmes. Al inspector no le gusta, le cae gordo enseguida... vamos, que no le mete dos tiros porque no consigue recordar en que lado lleva la pistola. Así que lo persigue cuando abandona la fiesta, encontrandose con McNuggle. El cual, en ese momento, descubre que le está reconcomiendo desde hace un rato. Claro, que descubrir que la ola que se acerca al barco está ocultando la luna con su altura no le alegra la noche, no.

El detective inglés sugiere que se guarezcan en la zona central del barco. Mc Nuggle decide avisar en cabina del acuático desastre que se aproxima. No le hacen ni puñetero caso, para variar. Hasta que ven el muro de agua acercándose y comienzan a tocar las alarmas...Demasiado tarde, el crucero recibe la ola de costado y el barco se gira... coincidiendo con las profeticas palabras del capitán en la sala de fiestas "Por fin el Hombre ha dominado el mar"... insensato...Las mesas salen volando, la gente también. Gerry descubre que un piano es más resistente que unas costillas... y en medio de todo, el ex-boxeador se alza riendo como un poseso, con las manos extendidas y perfectamente ergido sobre el suelo... lo cual acojona un rato cuando el suelo sobre el que se alza ocupa ahora la posición de las paredes...

En cabina, Mc Nuggle aplica todos sus conocimientos marítimos que le han conservado la vida hasta ahora: corre como un poseso hacia las barcas de salvamento. El detective inglés tiene la misma idea y le pide a O'Hara que avise a los superviviente de la sala de fiestas para que los sigan. El policia no le hace ni caso. Que le cae gordo, leñe. Pero lo pierde entre los pasillos y al final tiene que hacerle caso. A regañadientes. Y refunfuñando. Y de toda la familia del inglés que se acuerda cuando entra en la sala de fiestas y se encuentra con una escena dantesca. El boxeador riendo a carcajadas mientras se pasa por el forro la gravedad y los objetos que le arroja Sophie. El agua a la altura del pecho. Gerry Bone casi ahogado, al igual que la fugaz rival de la escritora... y sí, muchas sombras llenas de dientes y garras que se está dando un banquete con los pasajeros. Cómo los extrañaba el buen poli irlandés...

Mientras, McNuggle se ha encontrado con el Doctor Hous... con el detective consultor, y ambos consiguen soltar una barca de salvamento y saltar. Y sí, como no, el marino está a punto de hacer una visita muuuy larga al oceano por la parte húmeda y profunda. Mientrás, en la sala de fiestas (fiesta para las sombras, que se están poniendo las botas) O'Hara rescata a la muchacha mientras que Sophie hace lo propio con Gerry. Y tras esquivar los dientes y las zarpas de sus atacantes, saltan al mar, donde los recogen el inglés y Kelly, que ha logrado recordar como se nada y subir al bote. En seguida se ponen a remar para no ser tragados por el remolino del hundimiento del crucero... ni por la mirriada de sombras de bordes afilados que están tomándose el resto de botes como buffet barra-libre...

Tras toda una noche remando y gracias a las grandes dotes de orientación de McNuggle (total, remando siempre hacia donde sale el sol a algún lado hay que llegar), encuentran una isla, llena de afilados riscos. Sí, todo lo que sale del mar está afilado hoy. Desembarcan y deciden explorar la isla. A Kelly no le gusta. Ha estado en sitios peores, eso no lo niega, pero nunca una isla que ha aparecido de repente en un mar donde según su memoria nunca hubo ninguna isla...

El grupo de divide. No solo para que sea más fácil que los vayan matando, sino porque una extrañas escaleras llaman su atención. Kelly, Gerry y Sophie, deciden adentrarse en la selva, a buscar comida y bebida. El inglés, la copia de Sophie deciden explorar las escaleras. O'Hara se decanta por seguir al inglés. Para abrirle la cabeza con una piedra en cuanto se presente la oportinidad. Por creído, prepotente y por inglés. Sí, le cae tela de mal.

El trío de la selva pasa las horas cortando matojos, matas, plantas y esquivando bichos del tamaño de elefantes y elefantes del tamaño de bichos. Pero de comer y beber nada. Kelly piensa que, para no ser una isla recien nacida, los árboles están muy creciditos. Gerry piensa que la flora y la fauna no se corresponde con lo esperado en el Caribe. Sophie piensa que se está destrozando los zapatos... Finalmente, salen a un pequeño claro, donde un templo de piedra tiene, a modo de recepcionista, un esqueleto de un soldado, ataviado con un uniforme de tres o cuatro siglos antes con varias decenas de varas de madera ensartadas a modo de complento. Entre las manos un pequeño baul, del cual se apoderan para encontrar un manuscrito, en francés, que Sophie traduce enseguida. Les ahoramos la florida prosa francesa del siglo XVII y lo resumimos en "...encontramos esta isla...no estamos solos...todos muertos, solo yo... tambores, tambores en la oscuridad..."... bueno, más o menos... Todos los instintos de Kelly le piden salir de allí huyendo. Pero no. Un ciclópeo muro que sobresale de la selva les parece muy atractivo a sus compañeros y hacia allí se dirigen...

Por su parte, el otro grupo está llegando al final de la escalera. O'Hara decide que ya va siendo hora de dejarle las cosas claras al petrimetre inglés. Pero claro, lo último que tenía que haber hecho entonces es apartar la vista... Cuando recupera la conciencia, se encuentra al final de la escalera, atado y desnudo. El inglés le ha quitado su pistola (sí, sí, todos nos preguntamos donde la llevaba para que lo tuvieran que desnudar...) y se encuentra junto a un altar donde parece estar encadenada la muchacha. Tras ellos, un inmenso muro se pierde en las alturas. O'Hara no puede hacer nada más que asistir imponente a como es despedazada por la hoja que el inglés guardaba en su bastón. Bueno, nada, más no. También pierde la chaveta y comienza a babear... En ese momento, toda la isla tiembla y el gigantesco muro comienza a resquebrajarse...

2 Comments:

Anonymous Srta Sophie said...

Bueno, cuando mi queridisimo Lord Worthington Wartinlong West III (¿o era el IV?) me invito a este crucero, nunca se me ocurrio que iba a ser tan movidito. Que barbaridad, con lo que afectan a mis chacras los sunamis infernales. Eso, y que en la isla no haya solteros interesantes. O que los que haya sean demasiado interesantes. ¡Nunca se sabe, con estos viajes organizados! Y lo peor de todo es que no llevo nada apropiado para la soiree...

2:58 p. m.  
Blogger Miguel said...

Juro que estrangularé a ese condenado y estirado inglés cuando lo encuentre! pero antes tendré buscar algo con lo que taparme mis partes pudendas...

11:06 a. m.  

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